Artículo publicado el martes, 26/10/2010, en el diario La Provincia/DLP


DE TODO UN POCO
Donina Romero
LOS FOROFOS
No sé yo en mis carnes lo que se siente siendo forofo, pero sí puedo decirles que conozco a más de uno/a que en alguna parte de su cabeza tiene un entusiasta fervor por algo, y que aunque le llenaran esa parte de la testa de cemento su cerebro buscaría un resquicio para que aflorara de nuevo el fanatismo. Sea como fuere, los fanáticos pueden asustar o hacer reír, como es este último caso de un vecino de un paguito de Teror, a quien conocí en un sencillo restaurante del lugar, donde sirven comida casera acompañada de un trato que para sí quisieran otros restaurantes pitiminís. El hombre, rústico pero campechano y más alegre que un baile de carnavales y protagonista en la conversación como la cortina de una ducha, y ante la sonrisa de amor de su esposa, se enrolló con mi beatífico y augusto esposo y conmigo sin nadie pedírselo (darle vela en el entierro), pero disfrutamos de su intromisión como sobre de una tumbona.
Desde luego no era un sabihondo, un sabelotodo, ni pedante ni presumido, sino un hombre de campo sencillo, llano, humilde y simple, pero con una espontaneidad llena de hechizo. Nos habló de sus nueve hijos (una parva), de la grandeza de su amor por ellos, de las renuncias, de los sacrificios y de las querencias por su familia. Entre todo esto le salió un apasionamiento, un entusiasmo, una obcecación, casi un delirio que nos dejó asombrados. La Unión Deportiva Las Palmas era la causa del fervor, de la exacerbación de aquel hombre pulcro y esmerado de su persona que no pensaba antes de hablar, pero que con su sentido del humor nos hizo disfrutar del momento. Nos decía, de mesa a mesa, que el cariño hay que demostrarlo con hechos y que él estaba tan enamorado y colgado de su mujer como una lámpara de techo. Como ella era igual de forofa que su marido del equipo amarillo, no se le ocurrió otra cosa al buen hombre que hacerle este regalo, según sus palabras: “como a mi mujé la quiero más que el carajo y es una forofa de la Unión Depoltiva Las Parmas, p’a su santo le azulejié las paredes del cuarto de baño con azulejos uno azú y otro amarillo, y las baldosas del suelo una amarilla y otra azú, y los cepillos de dientes, p’a diferenciaslos, los puse uno azú y otro amarillo. Y al pájaro canario que tengo en el patio lo tapo toas las noches con un paño arrayao en amarillo y azú, p’a que cante mejó el “pío-pío”. Ni que decir tiene que mis sonoras carcajadas asustaron a la Virgen del Pino, porque aquel ochenta quilos de simpatía no podía dejar impertérrito a nadie.
Aquel hombre bonachón, con más canas que arroz en una paella, con la callosidad rodeando sus dedos y las arrugas en el rostro marcando como un tatuaje sus años de duro trabajo al sol, me resultó además de un personaje divertido, un ser equilibrado, cargado de sabiduría y generosidad que intentó, incluso dado su a la vista débil estatus económico, invitarnos (convidarnos) al café, cosa que mi mártir impidió invitándole a su vez a él, que contestó con un, “gracias, caballero. No se lo voy a despreciá, porque la vida no es un cuento de hadas y un euro ahorrao es un euro ganao”. Por un instante pensé en que a pesar de que nuestro clima cultural era diferente, los comportamientos humanos pueden llegar a unir como el agua con la escayola. Y es que a veces nos empeñamos en creer que es más sabio aquel que tiene estudios o se ha recorrido el mundo, sin darnos cuenta de que ahí al lado, a la vuelta de la esquina y en el ser más sencillo se encuentran la reflexión, la sapiencia y la bondad. Y es que un buen ejemplo dice más que las palabras. Que tengan un buen día.

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