Artículo publicado el martes, 31/05/2011, en el diario La Provincia/DLP


 

DE TODO UN POCO

Donina Romero

LA BONDAD, REGALO DE LOS DIOSES

La conocí una mañana de verano en la playa, siendo yo jovencita y casada ya, en mis veraneos en el sur de la isla. Tenía unos cincuenta años, guapa, y las mejillas sonrosadas como un durazno pelón, y siempre la sonrisa como si estuviera en vísperas de una fiesta. De la piorrea se había quedado sin dientes y sólo le quedaba un colmillo de recuerdo, pero aún así y sin complejos sus sonoras carcajadas llegaban al final de la isla. No le importaba estar físicamente más estropeada que una fechadura vieja, y estoy segura que si alguna vez se hubiera albeado un pizco habría quedado hasta resultona. Nueve hijos y todos guapos de santiguarse, más un marido que era alto como una palmera y flaco como una verguilla, con el pelo un poco pajudo, poca barba y pelusilla en el bigote, simpático, alegre pero algo calentón, fumaba en pipa tabaco de picadura, corriéndole por las venas unas ganas de cantar folías cada vez que se pegaba cuatro tanganazos de ron.

Aquella familia del Carrizal que se venía a pasar sus vacaciones en la playa, estaba negra como un cazón y si, como decimos en Canarias, “la gordura es pastura”, Fefita”, que así se llamaba, se llevaba la palma. Aquella estupenda mujer, encorvada de espaldas porque era cargada de pecho, llevaba puesta una pamela que parecía la carpa del Circo Toti, pamela que no le hacía efecto para cobijarse de los rayos solares porque estaba más morena que la vaina de una algarroba y se creía una artista de Holiwood.

Toda ella era amor, entrega, paciencia ante aquellos nueve chiquillos que hacían más ruido que una lavadora centrifugando, y que en lugar de exponerse a una subida de tensión les ponía voz de arrullo, y en menos de un tris-tras los dejaba cuajados y lelitos. Le pregunté que cómo no perdía la paciencia ante tanta chiquillería, y ella, mientras repartía los bocadillos de media mañana a aquella parva de niños inquietos, me dijo, “lo tengo tan claro como que con la noche llega la oscuridad: yo, cada minuto del día, intento hacer feliz a mi familia, porque la vida es muy corta y ya ella solita trae desgracias”. Una filosofía de la que cogí recorte, y me va muy bien, a Dios gracias. Que tengan un buen día.

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